domingo, 22 de julio de 2012
La dejadez y el vandalismo ahogan al club de piragüismo
Forma parte de la ciudad y es una de las zonas más apropiadas para practicar deporte y disfrutar de la naturaleza. Sin embargo, su estado produce el rechazo de muchos ciudadanos y provoca las críticas de deportistas y usuarios. El entorno del club de piragüismo lleva años sufriendo problemas que vienen originados por la dejadez de las instituciones y los actos vandálicos de los gamberros. La suciedad, el robo de mobiliario urbano, la falta de alumbrado o la seguridad son algunas de las cuestiones que más preocupan a las personas que frecuentan este área.
Los desperfectos en este lugar son evidentes. No sólo afean y degradan la zona, sino que además en muchos casos ponen en riesgo la seguridad de los viandantes. Los accesos son un buen ejemplo de ello. Las condiciones de los mismos son muy malas e incluso pueden entrañar cierto peligro. La entrada a la carretera que conecta el recinto del mercadillo con el club de piragüismo está sin asfaltar, lo que hace que en invierno con las lluvias se formen grandes balsas de agua que impiden el paso de coches, bicicletas y peatones. «El pavimento debería estar mejor conservado. Además, tendrían que acondicionar el camino que conecta el club de piragüismo con La Granadilla, que es de tierra y está lleno de baches», explica Juan Antonio Gutiérrez, monitor de piragüismo.
Por otro lado, la vía que une el Puente Real con este espacio deportivo carece de alumbrado. Los vándalos se han llevado todo el cableado de las farolas. «Sobre todo en invierno la práctica de esta actividad se hace muy complicada. Los niños y adolescentes están en clase por las mañanas y tienen muy poco tiempo por la tarde para entrenar. Oscurece pronto y sin luz es peligroso. Desde Confederación Hidrográfica del Guadiana nos han asegurado que, por tercera vez, lo van a arreglar», indica Belén Rey, palista y miembro de la junta directiva del club.
En esta misma arteria han desaparecido las tapas de las alcantarillas que se ubican a ambos lados de la calzada. Alrededor de una veintena de estos elementos permanecen sin cubierta. Ante esta circunstancia, los usuarios han optado por meter grandes palos en los huecos para evitar que alguien se haga daño. «Mucha gente pasea por aquí o pasa con la bicicleta y se puede lastimar», destaca Gutiérrez.
Otro de los inconvenientes es la abundante maleza, hierbajos y pastos que se extiende por esta carretera y el entorno del club. «Alrededor del embarcadero faltan árboles que den sombra. Son muy necesarios sobre todo en verano para poder realizar el calentamiento, las actividades y los juegos con los niños», asegura el monitor.
También ha desaparecido el mobiliario urbano que había en esta zona. «En el paseo hasta el club había numerosos bancos y ahora no queda ninguno. Lo mismo ocurre con las fuentes», señalan Rey y Gutiérrez.
Limpieza y seguridad
La basura y la suciedad son otros de los grandes problemas que soportan los deportistas y usuarios de esta parte de la ciudad. A diario se encuentran en la puerta y en las inmediaciones de las instalaciones del club de piragüismo bolsas y envases, restos de comida, botellas de plástico y de cristal, preservativos, entre otras cosas.
Juan Antonio Gutiérrez es el que acude temprano cada mañana, antes de que lleguen los jóvenes piragüistas, para limpiar la zona y recoger los desperdicios. «Hay niños de siete años que no tienen por qué ver cómo dejan esto. No sé la razón por la que no pasa por aquí el servicio de limpieza, aunque sea una vez a la semana. En Badajoz estamos luchando para que los pequeños hagan actividades físicas y no permanezcan todo el día delante del televisor o jugando a la videoconsola, pero no se potencian ni se apoyan estos espacios deportivos como el club de piragüismo», afirma el monitor. «Es antihigiénico y peligroso. Los usuarios se pueden cortar con un cristal. La basura la recogemos nosotros. Cada día una persona se encarga de llevarse las bolsas con los desechos para tirarlas en los contenedores instalados en la ciudad, ya que aquí no hay», agrega por su parte Belén Rey.
Para evitar que la gente accediese con los coches a las proximidades del club y ensuciasen la zona, hace unos tres meses la Confederación Hidrográfica del Guadiana instaló grandes rocas en las entradas. «Lo hemos notado. Viene menos gente y hay menos basura, pero han tomado represalias contra nosotros. Además de pintadas en el embarcadero, nos echan de vez en cuando silicona en las cerraduras de las puertas», sostiene Gutiérrez.
La seguridad es otro asunto que preocupa mucho a los responsables de este club. «Es un lugar aislado de la ciudad y por aquí no pasa ningún vehículo de la Policía Local. Vienen muchas personas y utilizan el entorno para realizar encuentros y prácticas sexuales. Este espacio natural es de todos y todo el mundo tiene derecho a disfrutar de él, pero hay que tener un poco de civismo», asevera Gutiérrez.
En este sentido, ambos apelan tanto a la responsabilidad de las administraciones e instituciones como a la concienciación ciudadana. «El río no es de nadie y todos pueden disfrutarlo, pero hay que cuidar tanto de él como de su entorno. Hay mucha gente que viene por aquí a hacer deportes tanto terrestres como acuáticos. El río no es desconocido por los ciudadanos, pero no se valora lo suficiente. Con frecuencia se mira hacia el lado contrario. Hay que empezar a protegerlo más y sacarle más provecho», sentencian.
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